Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Puedo… ya que Fred Wright no está en el pueblo —dijo Ana, con expresión inocente.
Diana enrojeció, movió la cabeza y se marchó. Sin embargo, no parecÃa ofendida.
Ana tenÃa la intención de ir a casa de los Dickson aquella noche, pero no fue. Cuando llegó a «Tejas Verdes» se encontró con un estado de cosas que desvaneció de su mente cualquier otro pensamiento. Marilla, con los ojos fuera de las órbitas, la esperaba en el patio.
—¡Ana, Dora se ha perdido!
—¡Dora! ¡Perdida! —Ana miró a Davy que movÃa el portón y descubrió diversión en sus ojos—. Davy, ¿sabes tú dónde está?
—No, no lo sé —respondió el niño tercamente—. No la he visto desde la hora del almuerzo, te lo juro.
—He estado fuera desde la una —dijo Marilla—. Thomas Lynde se puso enfermo de improviso y Rachel me mandó buscar. Cuando me fui, Dora estaba jugando con su muñeca en la cocina y Davy andaba en el establo, entre el barro. Hace apenas media hora que he regresado y no se ve a Dora por ninguna parte. Davy dice que no la ha visto desde que me fui.
—Asà es —aseguró éste firmemente.