Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —¿Davy? —Pero Ana no pudo decir nada más. Llevó a Dora a casa con el corazón dolorido. Su alegrÃa al encontrar a la niña sana y salva fue ahogada por el dolor ante el comportamiento de Davy. La hazaña de encerrar a Dora podÃa ser perdonada con facilidad. Pero Davy habÃa mentido… a sangre frÃa. Ésa era la triste realidad y Ana no podÃa cerrar los ojos ante ella. Se hubiera puesto a llorar de desilusión. HabÃa llegado a querer mucho al niño… nunca hasta ahora habÃa sabido cuánto… y la herÃa terriblemente descubrir que era culpable de una mentira deliberada.