Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea A pesar del temor y del remordimiento, Davy se rió ante el recuerdo.
—Pero dijiste una mentira, Davy —continuó Ana, más triste que nunca.
Davy pareció perplejo.
—¿Qué es una mentira? ¿Quiere decir un camelo?
—Quiere decir algo que no es verdad.
—Desde luego que lo hice —dijo Davy francamente—. De lo contrario ustedes no se hubieran asustado. Tenía que decirla.
Ana sentía su reacción ante el temor y la ansiedad. La impertinente actitud de Davy fue la gota que hizo desbordar el vaso. Dos grandes lágrimas aparecieron en sus ojos.
—¡Oh, Davy!, ¿cómo pudiste hacerlo? —dijo una voz temblorosa—. ¿No sabes el mal que has hecho?
Davy estaba estupefacto. ¡Ana lloraba! ¡Había hecho llorar a Ana! Una ola de verdadero remordimiento azotó su corazoncito. Corrió hacia Ana, saltó a su falda, le echó los brazos al cuello y rompió a llorar.