Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Hay un enorme montón de cosas que está mal hacer —dijo Davy con un suspiro—. Nunca creà que fueran tantas. Siento mucho que esté mal contar cam… mentiras, porque es muy útil; pero ya que es asÃ, nunca volveré a decir más. ¿Qué me van a hacer por decirlas esta vez? Quiero saber.
Ana miró interrogativamente a Marilla.
—No quiero ser demasiado dura con el niño —dijo Marilla—. Me atrevo a decir que nadie le dijo nunca que está mal decir mentiras y esos niños de Sprott no fueron compañeros adecuados para él. La pobre Mary se hallaba demasiado enferma para enseñarles correctamente y no se puede esperar que un niño de seis años sepa esas cosas por instinto. Supongo que debemos pensar que no sabe nada correctamente y comenzar desde el principio. Pero debe ser castigado por encerrar a Dora y no puedo pensar en otra cosa fuera de enviarle a la cama sin cenar y eso ya lo hemos hecho muchas veces. ¿Puedes sugerir alguna otra cosa, Ana? Creo que deberÃas, ya que tanta imaginación tienes.
—Pero los castigos son horribles y a mà sólo me gusta imaginar cosas placenteras —dijo Ana, abrazando a Davy—. En el mundo existen tantas cosas horribles que de nada sirve imaginar más.