Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —No fue culpa mÃa —rió Ana—. Si mis padres me hubieran consultado nunca hubiera ocurrido en esa fecha. Yo habrÃa elegido nacer en primavera, por supuesto. Debe ser delicioso llegar al mundo junto con las flores de mayo y las violetas. Siempre sentirÃas que eras su hermana adoptiva. Pero ya que no es asÃ, lo mejor que puedo hacer es celebrar mi cumpleaños en primavera. Priscilla llega el sábado, y Jane estará en su casa. Iremos al bosque y pasaremos un dÃa dorado tomando contacto con la primavera. Ninguna de nosotras la conocemos realmente todavÃa, pero allà la hallaremos mejor que en ningún otro lado. De cualquier modo, quiero explorar todos esos campos y sitios solitarios. Estoy segura que hay allà montones de hermosos escondrijos que nunca han sido realmente vistos aunque se les haya mirado. Nos haremos amigas del viento, del cielo y del sol; traeremos la primavera a casa en nuestros corazones.
—Suena magnÃfico —dijo Diana con algo de secreta desconfianza ante la magia de las palabras de Ana—. Pero ¿no habrá aún mucha humedad en algunos sitios?