Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Ya lo creo —dijo la muchacha—. Y te necesitaré para decorar. Quiero que el comedor sea un rosal. Espero que todo transcurra bien. Las heroÃnas de la señora Morgan nunca se meten en camisa de once varas o tienen dificultades y siempre son tan seguras y tan buenas amas de casa. Parecen serlo de nacimiento. Recuerda que Gertrudis, la de Los dÃas de Edgewood, manejaba la casa de su padre cuando sólo tenÃa ocho años. Cuando yo tenÃa esa edad, sabÃa poco fuera de criar niños. Las señora Morgan debe ser una autoridad en niñas, porque ha escrito mucho sobre ellas y quiero que tenga una buena opinión de nosotras. Lo he imaginado todo de distintas maneras… cómo será, qué dirá y qué le diré yo. Y estoy muy ansiosa respecto a mi nariz. Tiene siete pecas. Aparecieron en la excursión de la S. F. A., cuando anduve al sol sin sombrero. Supongo que soy una ingrata al preocuparme por ellas, cuando deberÃa estar agradecida de no tener por toda la cara como de costumbre; pero hubiera deseado que no aparecieran. Todas las heroÃnas de la señora Morgan poseen una tez perfecta. No puedo recordar una sola peca entre ellas.
—Las tuyas no se distinguen mucho —la consoló Diana—. Prueba un poco de jugo de limón esta noche.