Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Por cierto que sà —admitió la señora Rachel—. Esa vieja ruina es una vergüenza para la comarca desde hace años. Pero si los de «fomento» pudieran instar a Levi Boulter a que haga algo por la comunidad sin cobrar, quisiera estar allà para verlo y oÃrlo. No quisiera descorazonarte, Ana, pues hay algo de bueno en tu idea, aunque supongo que la habrás sacado de alguna inútil revista yanqui, pero tendrás las manos ocupadas con el colegio y te aconsejo como amiga que no te preocupes del «fomento». Aunque sé que seguirás adelante si se te ha metido en la cabeza. Eres de las que siempre llevan adelante lo que se proponen.
Algo en el perfil de los labios de Ana decÃa que la señora Rachel no estaba errada. TenÃa el corazón puesto en la formación de la Sociedad de Fomento. Gilbert Blythe, que enseñarÃa en White Sands pero que regresarÃa a casa los viernes por la noche hasta el lunes por la mañana, estaba entusiasmado con la idea y los demás apreciaban cualquier cosa que significara reuniones ocasionales y en consecuencia algo de «diversión». Ahora, respecto al «fomento», nadie, excepto Gilbert y Ana, tenÃa una idea muy clara al respecto. HabÃan conversado y planeado todo hasta que en su mente existió una Avonlea ideal, ya que no en otra parte.
La señora Rachel aún tenÃa otra noticia.