Ana, la de Avonlea

Ana, la de Avonlea

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Ahora debemos poner la mesa —dijo Ana con el tono de una sacerdotisa a punto de realizar un sacro rito en honor de alguna divinidad.

—Pondremos un gran jarrón con rosas silvestres en el medio, y una rosa frente a cada uno de los platos, y un ramo de capullos de rosa especialmente para la señora Morgan, una alusión a El jardín de los pimpollos.

La mesa fue puesta en la estancia, con el más fino mantel de linón de Marilla, su mejor porcelana, cristalería y plata. Se puede tener la seguridad de que cada artículo fue limpiado escrupulosamente hasta obtener el máximo de brillo y esplendor.

Luego las jóvenes fueron a la cocina, impregnada de apetitosas fragancias que emanaban del horno, donde ya estaban cocinándose admirablemente los pollos. Ana preparó las patatas y Diana los guisantes y las habas. Después, mientras Diana se metía en la despensa a condimentar la ensalada de lechuga, Ana, cuyas mejillas habían comenzado ya a ponerse carmesí tanto por la excitación como por el calor del fuego, preparó la salsa para los pollos, picó las cebollas para la sopa y finalmente batió la crema para sus tartas de limón.

¿Y qué era de Davy todo ese tiempo? ¿Cumplía la promesa de ser bueno? Por supuesto que sí.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker