Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Ni lo pienses. SerÃa demasiado desconsiderado —dijo Diana, quien, sin embargo, estaba comenzando a tener desagradables presentimientos a ese respecto.
—Ana —dijo Marilla saliendo de la sala—. La señorita Stacy quiere ver la fuente de porcelana de la señorita Barry.
Ana fue a buscarla al armario de la estancia.
De acuerdo con su promesa a la señora Lynde, habÃa escrito a la señorita Barry a Charlottetown, pidiéndosela prestada. La señorita Barry, que era una vieja amiga de Ana, se la envió inmediatamente, recomendándole que la cuidara, porque habÃa pagado por ella veinte dólares. La fuente habÃa sido usada en la Feria de la Sociedad de Ayuda y luego devuelta al armario de «Tejas Verdes», pues Ana no querÃa confiarle a nadie el que la llevara de vuelta a la ciudad.
Llevó la fuente cuidadosamente hacia la puerta del frente, donde se hallaban sus invitados gozando de la fresca brisa que soplaba del arroyo. Allà fue examinada y admirada. Entonces, justo en el momento en que Ana volvÃa a coger la fuente, se oyó un terrible estrépito en la despensa. Marilla, Diana y Ana corrieron, y esta última sólo se detuvo a dejar apresuradamente la preciosa fuente en el segundo escalón de la escalera.