Ana, la de Avonlea

Ana, la de Avonlea

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando llegaron a la despensa, sus ojos se encontraron con un espectáculo horripilante: un pequeño muchacho con apariencia de culpable bajaba de la mesa con la blusa estampada de amarillo; sobre la mesa yacían los destrozados fragmentos de lo que habían sido dos excelentes y cremosos pasteles de limón.

Davy había terminado de desenredar su red para arenques y la había arrollado como una pelota. Luego se dirigió hacia la despensa con el propósito de guardarla en el estante de arriba de la mesa, donde ya tenía un buen surtido de pelotas por el estilo, las cuales no servían para nada útil, salvo el placer de poseerlas. El niño tuvo que subirse a la mesa para alcanzar el estante desde un peligroso ángulo, algo que Marilla le había prohibido.

Esta vez el resultado fue desastroso. Davy resbaló y cayó de lleno sobre las tartas de limón. Su blusa limpia quedó arruinada por el momento, y las tortas de limón, para siempre.

—Davy Keith —dijo Marilla sacudiéndolo por un hombro—: ¿No te había prohibido volver a subir a esa mesa? ¿No te lo había prohibido?

—Me olvidé —gimió Davy—. Me ha dicho que no debo hacer tantas cosas que no puedo recordarlas todas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker