Ana, la de Avonlea

Ana, la de Avonlea

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Hay un viejo proverbio que a veces parece realmente una inspiración: «Nunca llueve, pero caen gotas». La medida de tribulaciones de aquel día no estaba colmada. Justo en el momento en que el señor Alian acababa de bendecir la mesa, se escuchó un ruido en las escaleras, como de un objeto pesado que cayera de escalera en escalera, para finalizar con un gran estruendo al llegar abajo. Todos corrieron al vestíbulo y Ana dio un grito de espanto.

Al pie de la escalera se veía una gran concha rosada entre los fragmentos de lo que había sido la fuente de la señorita Barry, y arriba de la escalera se hallaba un aterrorizado Davy, observando con ojos muy abiertos los desperfectos.

—Davy —dijo Marilla animosamente—, ¿tiraste esa concha a propósito?

—No, juro que no —sollozó Davy—. Sólo estaba aquí arrodillado, quietecito, mirándoles a través de la barandilla y mi pie dio contra esa cosa y la empujó. Y tengo mucha hambre… y me gustaría que me dieran una buena tunda en vez de mandarme siempre arriba y que me pierda todo lo bueno.

—No culpen a Davy —dijo Ana recogiendo los fragmentos con dedos temblorosos—. Fue culpa mía. Dejé la fuente allí y me olvidé. Estoy convenientemente castigada por mi descuido, pero ¡oh!, ¿qué dirá la señorita Barry?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker