Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Oh, eres demasiado pequeño para comprender —dijo Ana. Pero se sintió algo avergonzada al decirlo, ya que ante el recuerdo de preguntas similares en su infancia, habÃa hecho solemne voto de no decir nunca a un niño que era demasiado pequeño para comprender. Y hela allà haciéndolo. ¡Cuánto va del dicho al hecho!
—Bueno, hago cuanto puedo por crecer —dijo Davy—, pero es algo que no puedo acelerar. Si Marilla no fuera tan tacaña con sus dulces, creo que podrÃa crecer más rápido.
—Marilla no es tacaña —dijo Ana con severidad—. Eres muy ingrato al decir tal cosa.
—Hay una palabra que significa lo mismo y suena muchÃsimo mejor, pero no puedo recordarla —dijo Davy, frunciendo fuertemente el ceño—. Marilla la dijo el otro dÃa.
—Si te refieres a ahorradora, es algo muy distinto de ser tacaña. Ser ahorradora es una excelente virtud en una persona. Si Marilla fuera tacaña, no se hubiera hecho cargo de ti y de Dora cuando murió tu madre. ¿Te hubiera gustado vivir con la señora Wiggins?