Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Supongo que tendrás que buscar otra ayuda —dijo Ana de mala gana—, ¡pero no debes ir a menos que sea indispensable! ¡Oh, querida!, ésta es una situación horrible. Mis desgracias no me importarÃan mucho si fueran románticas, como lo son siempre las de las heroÃnas de la señora Morgan, pero resulta que son siempre ridÃculas. Imagina qué dirán las Copp cuando lleguen y vean la cabeza y los hombros de una chica saliendo del tejado. Escucha, ¿no es un coche? No, Diana, creo que es un trueno.
Y lo era sin duda alguna. Diana, tras una apresurada peregrinación alrededor de la casa, volvió para anunciar que un nubarrón negro aparecÃa por el noroeste.
—Me parece que va a caer un chaparrón —exclamó—. Ana, ¿qué haremos?
—Debemos estar preparadas —dijo Ana tranquilamente. Un chaparrón parecÃa una tonterÃa en comparación con lo que ya sucediera—. Será mejor que lleves el coche bajo ese alero. Por fortuna traje mi sombrilla. Ten, llévate mi sombrero. Marilla me dijo que era una tonta al ponerme mi mejor sombrero para venir por el camino Tory, con razón, como siempre.