Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Mary Joe… pero no sabÃa que yo la estaba escuchando. Ayer vino a verla Verónica, la criada del señor Peter Sloane, y las oà hablar en la cocina mientras cruzaba el vestÃbulo. Mary Joe decÃa: «Ese Paul es el señorito más raro que he conocido. Dice cosas tan extrañas que creo que está mal de la cabeza». Anoche no pude dormir pensando si Mary Joe tendrÃa razón. De cualquier modo, no podÃa atreverme a preguntárselo a la abuelita, pero decidà preguntárselo a usted. Estoy muy contento de que piense que estoy bien de la cabeza.
—Por supuesto que sÃ. Mary Joe es una niña tonta e ignorante y nunca debes tener en cuenta lo que diga —dijo Ana indignada, resolviendo secretamente hacerle una discreta insinuación a la señora Irving sobre la conveniencia de refrenar la lengua de Mary Joe.
—Bueno, me ha quitado un peso de encima —dijo Paul—. Soy completamente feliz ahora, gracias a usted. No serÃa nada agradable estar mal de la cabeza. ¿No le parece, señorita? Supongo que Mary Joe habla asà porque a veces le cuento lo que pienso sobre las cosas.
—Es una práctica algo peligrosa —admitió Ana, recordando su propia experiencia.