Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Hablando de casamientos, eso me recuerda otra cosa que me ha estado preocupando —continuó Paul—. La semana pasada la señora Lynde vino a tomar el té con la abuelita, y ésta hizo que le mostrara un retrato de mamá, el que me mandó papá como regalo de cumpleaños. No tenÃa muchas ganas de enseñarlo a la señora Lynde. Es muy buena y amable, pero no la clase de persona a quien uno desea mostrarle la fotografÃa de su madre. Usted ya me entiende, señorita. Pero por supuesto que obedecÃ. La señora Lynde dijo que era muy guapa, pero que parecÃa una actriz y que debÃa haber sido muchÃsimo más joven que papá. Después añadió: «Un dÃa de éstos es probable que tu papá vuelva a casarse. ¿Qué te parecerÃa tener una nueva madre, Paul?». Bueno, la idea casi me deja sin respiración, señorita, pero no iba a permitir que la señora Lynde viera eso. Simplemente la miré fijamente… asÃ… y le dije: «Señora Lynde, mi papá hizo bien las cosas al elegir a mi primera mamá, y puedo confiar en que hará lo mismo la segunda vez», y puedo confiar en él, señorita. Pero asà y todo, espero que si alguna vez me da una nueva madre, pedirá mi opinión sobre ella antes de que sea demasiado tarde. Allà viene Mary Joe a llamarnos para tomar el té. Le preguntaré lo de los panecillos.