Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Creo que una casa vieja y desierta es un espectáculo muy triste —dijo Ana soñadoramente—. Siempre me hace pensar en su pasado y llorar por sus antiguas alegrÃas. Marilla dice que una gran familia creció en ese viejo edificio hace ya muchos años y que era un lugar muy bonito, con un hermoso jardÃn y rosales por todas partes. Estaba lleno de niños, risas y cantos y ahora está vacÃo y nada lo cruza fuera del viento. ¡Cuán triste y solitaria debe sentirse! Quizá todos ellos regresan en las noches de luna, los fantasmas de los pequeños de tiempo atrás, de las rosas y los cantos… y por un tiempo la vieja casa puede soñar que es otra vez joven y alegre.
Diana movió la cabeza.
—Ahora ya no imagino cosas asÃ, Ana. ¿No te acuerdas cuánto se enfadaron mamá y Marilla cuando imaginamos que habÃa fantasmas en el Bosque Embrujado? Aún hoy no puedo cruzarlo tranquila al anochecer; y si empiezo a imaginar tales cosas sobre la vieja casa de los Boulter, también tendré miedo de pasar por allÃ. Además, esos niños no han muerto; han crecido y les va muy bien. Uno de ellos es carnicero. Y, de todas maneras, las flores y los cantos no pueden tener fantasmas.