Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Trataré de levantarme más temprano que de costumbre mañana por la mañana; tengo mucho que hacer —dijo Ana virtuosamente—. Primero, voy a pasar las plumas de mi viejo colchón al nuevo. Debà haberlo hecho hace tiempo pero he ido dejándolo de lado. ¡Es un trabajo tan aburrido! Es una mala costumbre dejar las tareas desagradables para otro dÃa, y no volveré a obrar asÃ, o de lo contrario no podré decir con tranquilidad a mis alumnos que no deben hacerlo. SerÃa incompatible. Luego, quiero hacer una torta para el señor Harrison y terminar mi informe sobre jardines para la S. F. A., y escribir a Stella y lavar y planchar mi vestido de muselina y hacerle a Dora el delantal nuevo.
—No harás ni la mitad —dijo Marilla pesimista—. Nunca he conseguido proponerme hacer un montón de cosas sin que sucediera algo que me lo impidiera.