Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea En lo embarazoso del instante, sobresalió un pensamiento entre la confusión de la mente de Ana y a él se aferró. Todas las heroínas de la señora Morgan se destacaban por «hacer frente a la situación». No importa cuáles fueran sus preocupaciones, se enfrentaban a la situación y mostraban su superioridad sobre todos los males del tiempo, espacio y cantidad. Por lo tanto, Ana sintió que era su deber hacer frente a la situación y lo hizo, tan perfectamente que Priscilla dijo más tarde que nunca admiró más a Ana Shirley que en aquel momento. No importa cuáles fueran sus pensamientos; no los demostró. Saludó a Priscilla y fue presentada a sus compañeras con tanta calma y compostura como si se hallara vestida con sus mejores galas. En realidad, se sorprendió al saber que aquella dama que le produjera la instintiva sensación de ser la señora Morgan, no era tal, sino una desconocida señora Pendexter, mientras que la robusta y pequeña mujer de cabellos grises era la señora Morgan. Pero aquella sorpresa perdió fuerza ante la situación. Ana condujo a sus huéspedes a la sala donde las dejó para ayudar a Priscilla a desuncir su caballo.