Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Estoy… estoy asustada —sollozó—. No… no quiero ir arriba sola.
—¿Qué se te ha metido ahora en la cabeza? —inquirió Marilla—. Te has ido a dormir sola todo el verano y nunca has tenido miedo.
Dora continuaba llorando, de modo que Ana la alzó abrazándola cariñosamente y dijo:
—Cuéntaselo todo a Ana, querida. ¿De qué tienes miedo?
—De… del tÃo de Mirabel Cotton —lloriqueó Dora—. Hoy, en la escuela, Mirabel me lo contó todo sobre su familia. Casi todos han muerto… todos sus abuelos y abuelas y un montón de tÃos y tÃas. Mirabel dice que tienen la costumbre de morirse. Mirabel está muy orgullosa de tener tantos parientes muertos y me contó cómo se murieron y lo que parecÃan en sus ataúdes. Y Mirabel dice que uno de sus tÃos fue visto cuando caminaba alrededor de la casa después de enterrado. Su madre lo vio. No me importa todo lo demás, pero no puedo dejar de pensar en ese tÃo.