Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Oh, no le importará. Dolly era mi vaca y seguramente que no hubiera conseguido más de veinte dólares en la subasta. Pero querida, si el señor Harrison ve ese sembrado sabrá que ella entró otra vez, después de haberle dado palabra de honor de que eso no volverÃa a ocurrir. Bueno, eso me ha dado una lección sobre no dar mi palabra de honor respecto a las vacas. Una vaca capaz de saltar una cerca y escaparse de un establo no merece confianza alguna.
Marilla habÃa ido a visitar a la señora Lynde y cuando regresó ya sabÃa todo respecto a la venta de Dolly, pues la señora Rachel habÃa visto desde su ventana la mayor parte de la transacción, y adivinado el resto.
—Supongo que será mejor que se haya ido; pero tienes la costumbre de hacer las cosas de una manera demasiado precipitada, Ana. Lo que no entiendo es cómo pudo salir del establo. Debe haber hecho pedazos la pared.