Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —La gente siempre ha admirado mi eco —dijo la señorita Lavendar como si el eco fuera de su propiedad—. Yo lo quiero mucho. Son muy buena compañÃa, con un poquito de imaginación. En los calmos atardeceres, Charlotta IV y yo nos sentamos aquà y nos entretenemos con él. Charlotta, llévate el cuerno y cuélgalo en su sitio con cuidado.
—¿Por qué la llama Charlotta IV? —preguntó Diana, que se consumÃa de curiosidad.