Ana, la de Avonlea

Ana, la de Avonlea

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Entonces, casi con tanta rapidez como sobreviniera, la tormenta cesó. El granizo dejó de caer; el trueno se alejó hacia el este y el sol emergió alegre y radiante sobre un mundo tan cambiado que parecía absurdo pensar que sólo tres cuartos de hora hubieran podido realizar tal trasformación.

Marilla se alzó, débil y temblorosa, y se dejó caer en la mecedora. Su cara estaba ojerosa y parecía diez años mayor.

—¿Hemos salido todos con vida? —preguntó solemnemente.

—Creo que sí —fue la alegre respuesta de Davy, bastante recobrado—. No tuve nada de miedo… excepto al principio. Llegó de repente. Decidí no pelearme el lunes con Teddy Sloane como había prometido, pero ahora puede que lo haga. Dime, Dora, ¿tenías miedo?

—Sí, un poco —dijo ésta—; pero apreté la mano de Ana y recé mucho.

—Bueno, yo hubiera rezado si me hubiese acordado —dijo Davy—; pero —añadió triunfalmente— ya ves que me salvé igual sin hacerlo.

Ana dio a Marilla una buena copa de su potente vino casero, de cuya potencia tenía muy buena noción, y corrió a la puerta para contemplar un extraño cuadro.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker