Ana, la de Avonlea

Ana, la de Avonlea

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Gilbert llegó a «Tejas Verdes» al atardecer y encontró a Ana y a Marilla ocupadas en clavar tela encerada sobre las rotas ventanas.

—Sólo Dios sabe cuándo encontraremos vidrios —dijo Marilla—. El señor Barry fue esta tarde a Carmody, pero no se consiguen por nada del mundo. A las diez no quedaba ni uno en lo de Lawson y Blair. ¿Cómo fue la tormenta en White Sands, Gilbert?

—Horrorosa. Me cogió en el colegio con todos los niños y creí que algunos de ellos enloquecerían de terror. Tres se desvanecieron y dos niñas tuvieron ataques de histeria, mientras Tommy Blewett no hacía otra cosa que gritar con todas sus ganas.

—Yo sólo chillé una vez —dijo Davy orgulloso—. Mi jardín ha quedado destrozado —continuó tristemente—. Pero también el de Dora —añadió con tono no muy fraternal.

Ana llegó corriendo desde su habitación.

—¡Oh, Gilbert!, ¿sabes las noticias? Un rayo cayó en la vieja casa de Levi Boulter y la quemó. Creo que soy terriblemente mala al alegrarme por eso, cuando hay tantos daños. El señor Boulter dice que la S. F. A. produjo la tormenta con ese propósito.


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