Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Bueno, una cosa es cierta —dijo Gilbert riendo—. «Observador» ha creado reputación de profeta meteorológico al tÃo Abe. «La tormenta del tÃo Abe» figurará en la historia local. Es una extraordinaria coincidencia que ocurriera en el dÃa que elegimos. Tengo cierto resquemor, como si la hubiera provocado. Podemos también regocijarnos por la vieja casa, ya que respecto a los retoños no nos queda mucha alegrÃa. No han quedado ni diez en pie.
—Oh, bueno, tendremos que volverlos a plantar la primavera próxima —dijo Ana, filosófica—. Es una de las cosas buenas de este mundo. Uno está siempre seguro de que habrá más primaveras.