Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Ella comenzó, Ana, ella comenzó. Voy a contarle toda la historia, porque no quiero que piense peor de mà de lo que me merezco… ni siquiera por Emily. Pero salgamos a la galerÃa. Todo está tan limpio aquà dentro, que me hace sentir nostálgico. Supongo que me acostumbraré; pero por ahora me alivia mirar el patio. Emily todavÃa no ha tenido tiempo de limpiarlo.
Tan pronto como estuvieron cómodamente sentados en la galerÃa, el señor Harrison comenzó la historia de sus infortunios.