Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —No me quedaré sola con ellos. Eso es lo que quiero discutir contigo. Esta noche he tenido una larga conversación con Rachel. Se siente terriblemente mal en ciertos aspectos. No ha quedado en muy buena posición económica. Parece que hipotecaron la granja hace ocho años para ayudar al menor de sus hijos a irse al oeste y nunca ha podido pagar más que los intereses. Y luego, la enfermedad de Thomas costó bastante. Debe vender la granja y Rachel cree que poco quedará después de pagar las cuentas. Dice que deberá irse a vivir con Eliza y que se le desgarra el corazón por tener que dejar Avonlea. Una mujer de su edad no se desarraiga con facilidad. Y mientras me hablaba, Ana, se me ocurrió pedirle que viniera a vivir aquÃ, pero creà que debÃa hablarlo antes contigo. Si Rachel viniera conmigo, tú podrÃas ir a la universidad. ¿Qué te parece?
—Me… parece… como… si alguien… me hubiera… dado… la luna… y no… supiera… qué… hacer… con ella —dijo Ana—. Pero en lo que se refiere a pedirle a la señora Lynde que venga a vivir aquÃ, eso es cosa suya, Marilla. ¿Cree usted… está segura… de que le gustará? La señora Lynde es una buena mujer y una vecina amable, pero…