Ana, la de Avonlea

Ana, la de Avonlea

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Ana meditó largo rato aquella noche frente a su ventana. En su corazón luchaban la alegría y el dolor. Por fin había llegado, de pronto, al recodo del camino y allí estaba la universidad, con cien arco iris de esperanzas y visiones. Pero Ana comprendió también que si seguía ese camino, debía dejar tras sí muchas cosas dulces, todos los pequeños deberes e intereses que se le hicieran tan queridos en los últimos dos años y que elevara a la belleza y delicia gracias al entusiasmo que en ellos pusiera. Debía abandonar su escuela, y amaba a cada uno de sus discípulos, hasta a los tontos y malos. El solo pensar en Paul Irving la hacía cavilar si Redmond valía la pena después de todo.

—Durante estos últimos dos años he echado raicitas —le dijo Ana a la luna— y cuando las arranque, me dolerán un poco. Pero es mejor irse y, como dice Marilla, no existe razón para no hacerlo. Debo sacar a la luz otra vez mis ambiciones.

Ana envió su renuncia al día siguiente y la señora Rachel, tras una sincera conversación con Marilla, aceptó vivir en «Tejas Verdes». Sin embargo, eligió permanecer en su casa durante el verano; la granja no había de venderse hasta el otoño y debía arreglar unas cuantas cosas antes.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker