Ana, la de Avonlea

Ana, la de Avonlea

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—Nunca había pensado en vivir tan lejos del camino —suspiró para sí la señora Rachel—. Pero, en realidad, «Tejas Verdes» no parece tan alejado del mundo como antes. Ana acompaña mucho y los mellizos animan el ambiente. Y, por otra parte, sería capaz de vivir en el fondo de un pozo antes de dejar Avonlea.

Estas dos decisiones, al esparcirse, contrarrestaron las murmuraciones creadas por la llegada de la señora Harrison. Muchos vacilaron ante la decisión de Marilla de pedir a Rachel que la acompañara. Se opinó que no podrían vivir juntas. Ambas eran demasiado «amigas de hacer su voluntad» y se hicieron terribles predicciones, ninguna de las cuales turbó a las partes en cuestión. Habían llegado a una mutua y clara comprensión de sus respectivos derechos y deberes en el nuevo acuerdo y tenían intención de soportarse.

—Yo no me meteré con usted ni usted conmigo —dijo la señora Rachel con decisión—. Y en lo que respecta a los mellizos, haré con gusto cuanto pueda por ellos. Eso sí, no me haré cargo de dar respuesta a las preguntas de Davy, eso es. No soy una enciclopedia ambulante. En eso echaremos de menos a Ana.



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