Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Algunas veces, las respuestas de ella son tan estrafalarias como las preguntas de Davy —respondió secamente Marilla—. No cabe duda de que los mellizos la echarán de menos, pero su futuro no puede ser sacrificado al ansia de saber de Davy. Cuando haga preguntas que no pueda contestar, le diré que a los niños debe vérselos, pero no oÃrselos. Asà me educaron a mà y creo que es un método tan bueno como los modernos.
—Bueno, los métodos de Ana parecen haber dado bastante buen resultado con Davy —dijo la señora Rachel sonriendo—. Es un carácter reformado, eso es.
—¡No es malo! —concedió Marilla—. Nunca esperé encariñarme tanto con estos niños. Davy tiene una forma de hacerse querer. Y Dora es una niña encantadora, aunque es… un poco… bueno, un poco…
—¿Aburrida? Exactamente —completó la señora Rachel—. Como un libro con todas las páginas iguales, eso es. Dora será una mujer buena y digna de confianza, pero nunca se saldrá de la lÃnea. Bueno, es una comodidad tener gente asà alrededor, aunque no sean tan interesantes como los demás.