Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea Gilbert Blythe fue probablemente la única persona que se sintió alegre ante la renuncia de Ana. Los alumnos de ésta lo consideraron como una catástrofe. Annetta Bell llegó histérica a su casa. Anthony Pye dio vía libre a sus sentimientos en dos riñas innecesarias con otros compañeros. Barbara Shaw lloró toda la noche. Paul Irving dijo desafiante a su abuela que no esperara que comiera potaje por una semana.
—No puedo hacerlo, abuela —dijo—. En realidad, no sé si podré comer cosa alguna. Siento un horrible nudo en la garganta. Hubiera llorado de regreso de la escuela si James Donnell no hubiese estado mirándome. Creo que lloraré después de acostarme. Mañana no se me notará en los ojos, ¿no es cierto? Será un gran alivio. Pero, de todos modos, no puedo comer potaje. Necesitaré toda mi fuerza de voluntad para resistir esto, abuelita, y no me quedará nada para la lucha contra el potaje. ¡Oh, abuelita, no sabes qué hermosa maestra se va! Milty Boulter apuesta a que Jane Andrews se hará cargo del colegio; supongo que ella es muy buena. Pero sé que no comprenderá las cosas como la señorita Shirley.
También Diana consideró las cosas de modo pesimista.