Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Estaré terriblemente sola el próximo invierno —se quejó un atardecer, cuando la luz de la luna entraba entre las ramas del cerezo y llenaba la habitación de Ana con una radiación suave que rodeaba a las muchachas mientras hablaban: Ana en su mecedora baja junto a la ventana, Diana sentada a la turca sobre la cama—. Tú y Gilbert os habréis ido y los Alian también. Llamaron al señor Alian de Charlottetown y desde luego que aceptará. Es terrible. Supongo que el cargo quedará vacante todo el invierno y deberemos soportar una larga lista de candidatos, la mitad de los cuales de nada servirá.