Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Oh, Davy —dijo Dora puntillosamente, metiéndose en la conversación—, es el hombre quien debe pedirlo.
—No sé por qué debe hacerlo siempre —gruñó el niño—. Me parece que en este mundo todo se le carga al hombre. ¿Puedo comer un poco más de budÃn, Marilla?
—Ya has comido más de lo que te conviene —dijo Marilla, pero le dio otro trozo.
—Me gustarÃa que la gente pudiera vivir sólo de budÃn. ¿Por qué no se puede, Marilla? Quiero saber.
—Porque se cansarÃa pronto de él.
—Por mi parte me gustarÃa probar —dijo Davy escépticamente—. Pero supongo que es mejor tener budÃn sólo los dÃas de pescado, cuando vienen visitas, que no tenerlo en absoluto. En casa de Milty Boulter nunca hacen. Milty dice que cuando van visitas su madre sirve queso y ella misma corta un pedacito para cada uno.
—Si Milty Boulter habla asà de su madre, por lo menos tú no tienes necesidad de repetirlo —dijo Marilla seriamente.
—¡Bendito sea Dios! —Davy habÃa aprendido la expresión del señor Harrison y la repetÃa con sumo placer—. Milty lo dice como un cumplido. Está muy orgulloso de su madre porque la gente dice que es capaz de sacar agua de una roca.