Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —No, es verdad, y me gusta mucho. Le estoy muy agradecido. Tiene muy buen aspecto. Espero que el sabor también sea bueno.
—Lo es —dijo Ana confidencialmente—. En mis tiempos he hecho tartas que no lo eran, como puede decirle la señora Alian; pero ésta está muy bien. La habÃa hecho para la Sociedad de Fomento, pero puedo hacer otra para ellos.
—Muy bien, pero le diré, señorita, que debe ayudarme a comerla. Pondré agua a calentar y tomaremos una taza de té. ¿Qué le parece?
—¿Me permitirá prepararlo? —preguntó Ana dubitativamente.
El señor Harrison rió entre dientes.
—Veo que no confÃa usted mucho en mi habilidad para preparar el té. Está equivocada… Puedo hacer un té tan bueno como no ha tomado usted nunca. Pero vaya. Afortunadamente, el domingo llovió y hay un montón de platos limpios.