Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Querida Charlotta, se lo hubiera contado todo si fuera cosa mÃa, pero se refiere a la señorita Lavendar. Se lo explicaré pero, si nada ocurre, nunca deberá decir palabra a nadie. Verá: el PrÃncipe Encantado viene esta noche. Vino hace mucho, pero huyó en un momento de locura y vagó a lo lejos, olvidando el secreto del mágico sendero al castillo encantado, donde la princesa lloraba por él hasta quebrársele su fiel corazón. Pero al fin lo recordó y la princesa aún espera, porque nadie, excepto su prÃncipe encantado, puede sacarla del castillo.
—Oh, señorita Shirley, señora, ¿qué es eso en prosa? —dijo la sorprendida Charlotta.
Ana rió.
—En prosa, es que esta noche vendrá de visita un viejo amigo de la señorita Lavendar.
—¿Quiere decir un antiguo pretendiente?
—Probablemente eso sea lo que quiero decir en prosa —contestó Ana con seriedad—. Es el padre de Paul, Stephen Irving. Y Dios sabe qué pasará, aunque debemos desear lo mejor, Charlotta.