Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —No, eso puedo entenderlo —dijo ésta—. Una boda no es poesÃa. ¡Señorita Shirley, señora, está llorando! ¿Por qué?
—Oh, porque es todo tan hermoso… y tan novelesco… y romántico… y triste… —dijo Ana, secándose las lágrimas—. Es todo muy hermoso… pero también triste.
—Desde luego que es un riesgo casarse con alguien —concedió Charlotta IV—; pero una vez que está hecho, hay muchas cosas peores que el marido.