Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —¡Oh, señorita Shirley, señora!, todo ha resultado tan hermoso. Cuando el señor Irving y la señorita Lavendar vuelvan de su luna de miel iré a Boston a vivir con ellos. Y sólo tengo quince años, y las otras chicas no fueron hasta los dieciséis. ¿No es fantástico el señor Irving? Besa el terreno que ella pisa y a veces me hace sentir algo rara cuando veo sus ojos al mirarla. No hay palabras para describirlo, señorita Shirley, señora. Estoy terriblemente agradecida de que se quieran tanto. Es lo mejor, cuando todo está dicho y hecho, aunque algunas personas pueden pasar sin ello. Yo tengo una tía que se casó tres veces y dice que la primera vez lo hizo por amor y las otras dos por puro negocio y que fue feliz las tres veces, excepto en el momento de los funerales. Pero creo que corrió un riesgo, señorita Shirley, señora.