Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —No veo dónde está todo ese romanticismo —dijo Marilla algo bruscamente. Pensaba que Ana ya tenÃa bastante trabajo con preparar sus cosas para la universidad, sin «correr» a «La Morada del Eco» dos dÃas de cada tres, a ayudar a la señorita Lavendar—. En primer lugar dos jóvenes disputan y se separan enfadados; entonces Stephen Irving se va a los Estados Unidos y después de un tiempo se casa y es feliz. Luego muere su esposa y, pasado un perÃodo decente, piensa en volver a su hogar a ver si su primera novia lo recibe. Mientras tanto ella continúa soltera, quizá porque no la pretendió nadie lo suficientemente agradable, y se encuentran y deciden casarse. Ahora dime, ¿dónde está el romanticismo?
—Oh, no hay ninguno si plantea las cosas de ese modo —murmuró Ana, como si alguien le hubiera tirado encima un cubo de agua frÃa—. Supongo que asà es como suena en prosa. Pero es muy distinto si uno lo observa a través de la poesÃa; yo creo que es más bello —Ana se recobró, sus ojos brillaron y enrojecieron sus mejillas— mirarlo a través de la poesÃa.