Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —¡Oh! No sé —saltó Ana. Para sà misma o entre sus compañeros más Ãntimos, podÃa admitir que en Avonlea y en sus habitantes habÃa pequeñas imperfecciones fácilmente remediables. Pero el que lo dijera un forastero como el señor Harrison, era algo completamente distinto—. Creo que Avonlea es un lugar encantador y que la gente también es muy agradable.
—Tiene usted el genio muy vivo —comentó el señor Harrison, examinando las arrebatadas mejillas y los indignados ojos de su opositora—. Avonlea es un lugar bastante decente o yo no me hubiera establecido en él; pero supongo que hasta usted admitirá que tiene algunos defectos.
—Me gusta más por ellos —respondió Ana lealmente—. No me gustan los lugares o las personas que no tienen fallos. Pienso que una persona verdaderamente perfecta serÃa algo muy poco interesante. La señora de Milton White decÃa que ella nunca conoció una persona perfecta, pero que ha oÃdo lo suficiente sobre una… la primera esposa de su marido. ¿No le parece que debe ser muy desagradable estar casado con un hombre cuya primera esposa ha sido perfecta?
—SerÃa más desagradable estar casado con la perfecta esposa —declaró el señor Harrison con repentino e inexplicable ardor.