Ana, la de Avonlea

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—Jamás azotaré a un niño —repitió con firmeza—. Estoy segura de que no es ni correcto ni necesario.

—Supón que un muchacho te contesta cuando le mandas que haga algo —dijo Jane.

—Le haré quedar fuera de hora y le hablaré con firmeza y bondad —dijo Ana—. Todas las personas tienen algo de bondad si uno es capaz de encontrarlo. Es deber del maestro descubrirlo y desarrollarlo. Eso es lo que nos dijo nuestro profesor de Pedagogía en la Academia de la Reina. ¿Crees que podrás encontrar algo de bueno en un niño si lo azotas? Es mucho más importante enseñar la bondad a los niños que las ciencias, dice el profesor Rennie.

—Pero al inspector le da por examinarles en ciencias; y no hará un informe muy bueno si no le contestan correctamente.

—Prefiero que mis alumnos me quieran y me consideren después de muchos años como una auxiliadora, a figurar en la lista de honor —afirmó Ana decididamente.

—¿No castigarás de ninguna manera a los niños cuando se porten mal? —preguntó Gilbert.

—Oh, sí, supongo que tendré que hacerlo, aunque sé que odiaré la obligación. Pero puedo ponerles de rodillas o hacerles escribir frases.

—Supongo que no castigarás a las niñas haciéndolas sentar con varones —dijo Jane socarronamente.


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