Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea El día pasaba como un sueño. Ana nunca pudo recordarlo claramente más adelante. Casi le parecía que era otra persona la que estaba allí enseñando. Escuchó lecciones, corrigió sumas y ordenó copias mecánicamente. Los niños se comportaron bastante bien; sólo se presentaron dos casos de indisciplina. Morley Andrews fue descubierto haciendo correr un par de grillos amaestrados por el pasillo. Ana lo dejó durante media hora en penitencia sobre la tarima y (lo que Morley sintió aun más profundamente) confiscó sus grillos, los guardó en una caja y al regresar de la escuela los soltó en el Valle de las Violetas; pero Morley estaba seguro de que Ana se los había guardado para su propia diversión.
El otro delincuente fue Anthony Pye, quien hizo caer por el cuello de Aurelia Clay las últimas gotas de agua que quedaban en su botella para limpiar la pizarra. Ana hizo quedarse a Anthony durante el recreo y le explicó cómo se comportaban los caballeros, y que éstos nunca echaban agua por el escote de las damas. Le dijo que deseaba que todos sus alumnos fueran caballeros. Su pequeño sermón fue amable y lleno de sentimiento, pero Anthony permaneció absolutamente insensible.