Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Y asà es… y asà es… pero mi aprobación no llega hasta mi bolsillo, Ana.
Al mirarse al espejo antes de acostarse, Ana reflexionó de la siguiente manera: «Unas pocas experiencias más como las que he tenido hoy me tornarán tan pesimista como la señorita Eliza Andrews».