Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Bueno, creo que eso fue porque era nena —respondió el niño, volviendo a su lugar después de otro abrazo—. Alguna vez fue una niña, supongo, aunque sea muy divertido pensarlo. Dora se puede sentar quieta… pero a mà no me parece divertido. Me parece muy tonto ser niña. Dora, te voy a despertar un poco.
El método empleado por Davy era apoderarse de los rizos de Dora y darles un tirón. Dora lanzó un chillido y se puso a llorar.
—¿Cómo puedes ser tan malo cuando tu pobre madre acaba de ser enterrada? —dijo Marilla tristemente.
—Pero a ella le gustó morirse —dijo Davy confidencialmente—. Lo sé porque me lo dijo. Estaba terriblemente cansada de estar enferma. Hablamos mucho la noche antes de que muriera. Me contó que me iba a llevar con Dora durante el invierno y me pidió que fuera bueno. Voy a ser bueno, pero ¿no se puede ser tan bueno moviéndose como estando quieto? Y dijo que también debÃa ser bueno con Dora y protegerla y asà lo voy a hacer.
—¿Llamas ser bueno a tirarle del pelo?