Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Bueno, no voy a dejar que nadie más lo haga —dijo Davy, cerrando el puño y frunciendo el ceño—. Lloró porque es una nena. Me alegro de ser hombre, pero no de ser mellizo. Cuando la hermana de Jimmy Sprott le contradice, él le dice: «Soy mayor que tú, por lo tanto sé más» y eso la hace callar. Pero no le puedo decir eso a Dora y se empeña en pensar distinto de mÃ. ¿Me puede dejar guiar el coche un rato, ya que soy hombre?
Marilla era la mujer más agradecida cuando entró en su campo, donde la noche otoñal danzaba entre las amarillentas hojas. Ana estaba en la puerta, lista para bajar a los mellizos. Dora se sometió con calma a que la besaran, pero Davy respondió a la bienvenida de Ana con uno de esos cariñosos abrazos y el alegre anuncio de: «Yo soy el señor Davy Keith».
Durante la cena, Dora se comportó como una señorita, pero la actitud de Davy dejó mucho que desear.