Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Ya lo sé —dijo el niño tan pronto pudo hablar—; pero yo no soy un caballero.
—¿Pero no lo quieres ser? —dijo la sorprendida Ana.
—Claro que sÃ. Pero uno no es un caballero hasta que es mayor.
—Ya lo creo que sà —se apresuró a decir Ana, creyendo ver una buena oportunidad para sembrar para el futuro—. Se puede empezar a ser caballero cuando se es pequeño. Y los caballeros nunca arrebatan cosas a las chicas, ni se olvidan de dar las gracias, ni tiran de los cabellos.
—Entonces no se divierten mucho —dijo Davy con franqueza—. Sospecho que esperaré a crecer, antes de serlo.
Marilla, con aire resignado, habÃa cortado otro trozo para Dora. No se sentÃa capaz de lidiar a Davy en aquellos momentos. HabÃa sido un dÃa duro para ella, con el funeral y el largo viaje. En aquel momento contemplaba el futuro con un pesimismo digno de Eliza Andrews.