Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —No. Tiene que regresar mañana por la noche. Dejó a un paciente en un estado muy delicado.
—Ah, bien, supongo que habiendo muerto su madre el año pasado, ya no hay nada que pueda retenerlo en Avonlea. El viejo señor Blythe nunca llegó a recuperarse de la muerte de su esposa… no tenÃa nada por qué vivir. Los Blythe han sido siempre asÃ, siempre han depositado demasiado en las cosas terrenas. Es muy triste pensar que no queda ninguno de la familia en Avonlea. Eran una buena estirpe. Pero claro, hay un montón de Sloane. Los Sloane aún son Sloane, Ana, y lo serán por los siglos de los siglos, amén.
—Que haya cuantos quieran… Después de cenar, voy a salir a caminar por el viejo jardÃn a la luz de la luna. Supongo que al fin tendré que irme a la cama, aunque siempre he pensado que dormir en las noches de luna es una pérdida de tiempo… pero voy a despertarme temprano para ver las primeras luces de la mañana cuando se desperezan por detrás del Bosque Encantado. El cielo se pondrá color coral y los petirrojos estarán pavoneándose de un lado a otro, y tal vez un gorrioncito gris se pose en el alféizar de la ventana, y habrá pensamientos dorados y púrpuras para mirar…
—Pero los conejos se comieron todos los macizos de lirios de junio —dijo la señora Lynde con tristeza, y bajó la escalera sintiéndose aliviada por dentro de no tener que seguir hablando de la luna.