Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside No podía dormir. Le dolía mucho la rodilla y tenía frío, y una extraña sensación en el estómago. Tal vez él también se estuviera muriendo. Esperaba que así fuera, ya que todos los demás estaban muertos o se habían ido. ¿Las noches no terminaban nunca? Otras noches habían terminado siempre, pero quizás ésta no terminara. Recordó una historia espantosa que había oído: el capitán Jack Flagg, de Harbour Mouth, había dicho que un día en que se levantara muy furioso, no dejaría salir el sol. A lo mejor el capitán Jack se había levantado muy furioso, al fin.
Entonces la luz de Glen se apagó… y él no pudo soportarlo. Pero en el momento en que su pequeño grito de desesperación abandono sus labios, se dio cuenta de que era de día.