Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Era casi mediodÃa cuando despertó y vio la luz del sol entrando a raudales por sus propias ventanas, y se sobresaltó al ver a mamá. HabÃa comenzado a pensar que se habÃa portado de manera muy tonta, y tal vez mamá no estuviera contenta con él por haberse escapado de Lowbridge. Pero mamá extendió los brazos y lo atrajo hacia sÃ. Susan le habÃa contado toda la historia, y habÃa pensado algunas cosas para decirle a Jen Parker.
—Ah, mami, no te vas a morir… y todavÃa me quieres, ¿no?
—Querido, no tengo intenciones de morirme, y te quiero tanto, que me duele. ¡Pensar que te viniste desde Lowbridge caminando, y con esa noche!
—Y con el estómago vacÃo —agregó Susan, estremeciéndose—. Es un milagro que esté vivo para contarlo. Los dÃas de los milagros no han pasado y eso es seguro.
—Un muchachito muy valiente —dijo, riendo, papá, que habÃa entrado, con Shirley sobre los hombros. Le dio una palmadita a Walter en la cabeza, y Walter le agarró la mano y la apretó. No habÃa nadie como papá en el mundo. Pero nadie debÃa saber jamás cuánto miedo habÃa sentido.
—No tengo que volver a irme de casa, ¿verdad, mamá?
—No hasta que tú lo desees —prometió mamá.