Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Creo que nuestros pequeños lo han pasado bien —dijo Ana, feliz, ese atardecer, mientras miraba el diseño de los árboles contra las colinas blancas y el cielo del crepúsculo, y a los niños que estaban fuera echando migajas de pan a los pájaros. El viento suspiraba suavemente en los arbustos, enviaba la nevisca sobre el césped y prometÃa más tormenta para el dÃa siguiente, pero Ingleside habÃa vivido su hermoso dÃa.
—Supongo que sà —admitió la tÃa Mary MarÃa—. Lo que sà es cierto es que armaron un buen alboroto. Pero lo que comieron… bien, se es joven sólo una vez y supongo que tienes suficiente aceite de ricino en casa.