Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Claro que una no puede contar con la señora Churchill —le dijo a una bandada de estorninos que estaban de reunión en un pequeño claro en medio del bosque—, pero creo que la preocupé un poco. Me di cuenta de que no le gustó nada que la gente piense que alguien podrÃa darle calabazas a Alden. Bien, he hecho lo que estaba en mà hacer con todos los involucrados, con excepción del señor Chase, y no veo qué puedo hacer con él, si ni siquiera lo conozco. Me pregunto si tendrá idea de que Alden y Stella se ven. Poco probable. Stella jamás osarÃa llevar a Alden a su casa, por supuesto. Ahora bien, ¿qué voy a hacer con el señor Chase?
Fue realmente milagroso cómo las cosas se arreglaron solas para ayudarla. Un atardecer, la señorita Cornelia fue a pedirle a Ana que la acompañara a casa de los Chase.
—Voy a pedirle a Richard Chase una contribución para la nueva cocina de la iglesia. ¿VendrÃas conmigo, querida, para darme apoyo moral? Odio vérmelas a solas con él.