Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside «¿Quién ha resultado ser más tonta que nadie en todo este asunto? —le preguntó Ana a la luna—. Ya sé cuál será la opinión de Gilbert. ¡Todo el trabajo que me he tomado para despertar un romance entre dos personas que ya estaban comprometidas! Me curo de mis aspiraciones de casamentera, entonces, me curo. Jamás levantaré un dedo para promover un matrimonio aunque no se case nadie más en el mundo entero. Bien, hay un consuelo… la carta de Jen Pringle de hoy, en la que me cuenta que va casarse con Lewis Stedman, a quien conoció en mi fiesta. Los candelabros de Bristol no fueron sacrificados totalmente en vano, entonces».
—¡Chicos… chicos! ¿No podéis dejar de hacer esos ruidos espantosos?
—Somos búhos… tenemos que ulular —proclamó la voz herida de Jem desde la oscuridad de los arbustos.
Jem sabÃa que el ulular le salÃa muy bien. Él podÃa imitar la voz de cualquier bicho silvestre de los bosques. Walter no era tan bueno, de manera que al final dejó de ser un búho y se convirtió en un niño bastante desilusionado que acudÃa a su madre en busca de consuelo.
—Mamá, yo creÃa que los grillos cantaban, y el señor Carter Flagg dijo hoy que no, que hacen ese ruido frotando las patas de atrás. ¿Es asÃ, mamá?